Donde está tú matrimonio?


Por: Gary y Bárbara Rosberg

La familia y los amigos de la joven pareja les dijeron que estaban locos al decidir casarse. También los presionaban para que Cheryl se hiciera un aborto; pero estaban enamorados y deseaban criar juntos al bebé. Así que se casaron aquel verano, apenas unos niños a punto de criar a su propio niño.

Mike tomó la situación como un desafío. En el otoño comenzó la universidad a tiempo completo mientras trabajaba sesenta y cinco horas a la semana, repartiendo leche de la lechería familiar.

Cheryl, una flamante madre, se quedaba en su pequeña casa todos los días mientras Mike se sumergía en la universidad y el trabajo. “Desde el principio fue una lucha”, dice la joven. No tenía idea de cuál era mi papel ni de lo que implicaba mi compromiso con Mike. Cometí muchos errores, hice malas elecciones. Teníamos un bebé, pero no trabajamos en absoluto en nuestra relación. A su vez Mike, se daba a la bebida y cuando estaba bajo la influencia del alcohol se volvía agresivo y furioso. También atacaba a Cheryl, no en forma física, sino verbal. En poco tiempo se convirtieron en enemigos.

Éramos desdichados de verdad, así que decidí abandonar a Mike. Nuestro divorcio finalizó pocos meses después.

Luego que Mike y Cheryl se divorciaron, su relación siguió siendo horrible. “No quería saber nada de Mike”, dice Cheryl. “Lo culpaba por todo lo que funcionó mal entre nosotros. No nos hablábamos en absoluto. El contacto que teníamos se limitaba a los momentos en que nos encontrábamos para entregarnos a nuestro pequeño hijo”.

Entre tanto, Mike se había convertido a Cristo y Cheryl encontraba el camino de vuelta al Señor. A medida que Dios cambió el corazón de Mike, él pensaba en la joven familia que había perdido. Decidió tratar de ganar de nuevo a Cheryl y hacerlo esta vez como era debido. Al poco tiempo Mike llamó a Cheryl y le preguntó si le gustaría que volvieran a encontrarse.

“Luego de unos momentos con Mike, supe que estaría segura con él, dice Cheryl”. Tenía una paz que antes no tenía. Hasta su voz sonaba diferente. Él también se debe haber dado cuenta de que Cristo, me estaba transformado a mi también.

Mike cortejaba a la que fue su esposa y la invitaba a salir. Durante ese tiempo, no tuvieron relaciones físicas. Deseaban construir un amor que durara, un amor que fuera espiritual y emocional, no sólo físico.

Un año y medio después de divorciados, se volvieron a casar en presencia de familiares y amigos. Todos se dieron cuenta de que estaban siendo testigos de un milagro con el nacimiento de un nuevo matrimonio de Mike y Cheryl.
Este matrimonio ha cumplido a la fecha 21 años de plena felicidad. En esa oportunidad el Pastor de la iglesia condujo una reunión de celebración por un matrimonio que no morirá.

“Nuestro amor nos hace inmune a las amenazas del divorcio”
El amor es el cimiento de un matrimonio floreciente. La pregunta crítica es: ¿de que clase de amor hablamos? Para tener matrimonios a prueba de divorcio, no alcanza con tener cualquier clase de amor.

Creemos que hay seis clases de amor que se necesitan para tener un matrimonio a prueba de divorcio:

El amor que perdona: Sana las heridas y ayuda a los esposos a sentirse aceptados y conectados. Ofrece un nuevo comienzo cuando se han ofendido y herido el uno al otro.

El amor que sirve: Descubre y satisface necesidades, y ayuda a que los cónyuges se sientan honrados y comprendidos.

El amor que persevera: Permanece fuerte en tiempos difíciles y ayuda a los esposos a sentirse unidos, a ser los mejores amigos de siempre. Te sostiene a través de las pruebas de la vida.

El amor que protege: Nos guarda de las amenazas y ayuda a los cónyuges a sentirse seguros y a salvo. Guarda tu corazón de las cosas que amenazan tu matrimonio.

El amor que celebra: Se goza en la relación matrimonial y ayuda a que el cónyuge se sienta valorado y cautivado. Te equipa para mantener una conexión emocional, física y espiritual satisfactoria.

El amor que renueva: Refresca y apoya el lazo matrimonial, y ayuda al cónyuge a sentirse confiado y arraigado. Considera que el matrimonio es un pacto inquebrantable.

A medida que tu matrimonio experimenta estas seis clases de amor en la fuerza de Dios, recibirás el poder para tener un matrimonio a prueba de divorcio.

Vivir el matrimonio soñado al hacerlo resistente al divorcio en el plano emocional y espiritual es una manera bíblica de amar de verdad a tu cónyuge.
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3 Preguntas básicas para conseguir nuestros objetivos



Autor: Ana Zabaleta
En el proceso de coaching, el coach utiliza la técnica de las preguntas para llevar a coach o cliente hacia su éxito. Por supuesto en un proceso privado e interactivo de coaching, habría todo tipo de preguntas. Estas irían en una dirección u otra según como vaya transcurriendo la sesión, pero hay unas preguntas básicas que aquí te presento y si te las haces te llevarán sin remedio hacia tu objetivo.
1.- ¿Qué quieres conseguir?
Es aquí donde comienza el proceso de coaching. Este es el momento en el que te preguntas qué es lo que quieres. Asegúrate de que realmente es lo que tu quieres y no algo impuesto. Es importante tu disposición a hacer lo que sea necesario para conseguir tu meta, para así poder establecerla con mayor claridad.
Por su puesto, las metas puedes irlas remodelando a lo largo del tiempo y la experiencia. Defínelas lo más claramente posible, con todo lujo de detalles y el tiempo en el que las quieres conseguir.
Enúncialas en positivo. Tus metas no deben ir encaminadas a evitar cosas que no quieres, sino a conseguir las que quieres. Está demostrado que nos dirigimos hacia lo que prestamos atención, y si piensas en algo que no quieres, tenderás a irte de cabeza hacia ello.

2.- ¿Cuál es la situación actual real con respecto a tu objetivo?
Esta es la parte en la que defines como está la situación actual con respecto a tu objetivo. Es básico conocer el punto de partida de nuestro viaje para poder establecer el camino que queremos lograr.
Sé sincera contigo misma, y comprométete con la verdad. Comprometerte con la verdad no significa buscar la verdad absoluta, simplemente que a veces damos por reales algunas cosas que proceden de nuestras creencias. Procura ser aquí lo más objetiva posible, para así evitar cerrarte puertas a ti misma.
También en esta fase establece los recursos con los que cuentas y los que necesitarías que puedes generar.
3.- ¿Cuál es el camino a seguir?
Una vez establecidas tus metas y haberte situado en el punto de salida real (compromiso con la verdad), llega el momento de diseñar un plan de acción.
Este plan de acción debes sentirlo como tuyo. Debe de complacerte lo más posible, ya que si es un plan que te disgusta va a ser muy difícil que tengas la perseverancia de llevarlo a cabo.
Llevar a cabo tu plan de acción es lo que te va a llevar hacia tu meta y la va a hacer real. El verdadero poder está en la acción, por lo que debes diseñar un plan que te sea lo más fácil posible ejecutar.
Ten en cuenta que no existe el fracaso, solo los resultados. Algunos de los resultados te gustarán y otros no. Cuando un resultado no te guste, sólo tienes que cambiar la forma de actuar. El único fracaso verdadero es el abandono.
Estos son los 3 pasos básicos de un proceso de coaching. Además te voy a dar una última recomendación que puede parecerte muy simple, pero créeme si te digo que te va a ser muy útil para ayudarte a conseguir tus metas. Cada vez que consigas un logro por pequeño que sea, como por ejemplo llevar a cabo un paso del plan de acción, “CELEBRALO”. El cómo es cosa tuya, pero no lo dejes. Es más yo te diría que dejes definida la forma en cómo lo vas a celebrar antes de conseguirlo.
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Un buen colegio...



Esto es un extracto del libro Mamá por Etapas, de Beatriz Espinoza de Zapata, Editorial Vida.

Deseábamos que estudiara en un buen colegio. Muchas noches hicimos presupuestos tras presupuesto. Era casi imposible. Por fin, una noche, me arrodillé junro a mi cama y con voz doliente le dije al Señor: "Nos ha llamado al ministerio y estamos viviendo por fe. En el nombre de Jesús te suplico que nos suplas para pagar un colegio que le dé una buena preparación académica a nuestra hijita."

Muy temprano, el siguiente día, la nena se me acercó y me preguntó: -Mami, Cuando voy a ir a mi colegio?

En ese momento, Dios me habló: "Cuéntale a tú hija tu necesidad económica."

Me senté y, con paciencia, le expliqué nuestra falta de recursos económicos. Con su carita de inocencia me dijo: -no te preocupes, Dios va enviar el dinero. Yo voy a ir al colegio.

-Cómo estás tan segura? -le pregunté.
-Porque yo se lo voy a pedir.

Aprendí de esa fe infantil. Recordé las palabras de Cristo: "Si no os volvéis y os hacéis como niños..." (Mateo 18:4). Aprendí de mi nena a caminar en un tunel oscuro... por la fe.

Estoy convecinda de que muchas de las crisis en los hogares cristianos pudieran solucionarse si los padres hivieran alianza de oración con sus hijos. Dios tiene un corazón muy receptivo para la oración de los niños. Yo pudiera llenar las páginas de este libro relatando acerca de las oraciones contestadas en la vida mis hijos.

Según lo permite su edad, nuestros hijos pueden compartir nuestras carga de oración. Debemos ser cuidadosos de no cargarlos demasiado a no ser que causemos en ellos un sentido de inseguridad. Si procedemos con cautela, el niño verá y sentirá la seguridad de sus padres en un Dios que no falla nunca, que responde a la oración, y aprenderá también a confiar en ese Dios. Su fe será fortalecida.

Mi nena vio contestada su oración. Dios abrió la puerta para que asistiera a un buen colegio.

Que día! Yo no había podido dormir la noche anterior. Mis temores eran reales y grandes: Con quién se juntaría? Qué le iban a enseñar? Lloraría por mí? Y si se enfermaba, Quien le iba a atender? Sería cariñosa la maestra? Resulté teniendo yo más preguntas que la nena.

Todo el trayecto al colegio lo pasé dándole consejos. No creo que exista en el mundo una nena que haya escuchado más consejos de sus padres que la nuestra. Ella, sumisa, escuchaba. Yo lo interpreté como que estaba temerosa. Pero al llegar a la puerta del colegio, me miró con sus grandes ojos verdes y me dijo: -Yo puedo sola no entres.

Corrió para adentro y me dejó plantada, sola en la puerta.

Aprendí tres principios de esta experiencia:

En primer lugar, Dios volvió a recordarme que mis hijos no son de mi propiedad.

En segundo término, aprendí que Dios nos da los hijos y es nuestra responsabilidad cuidarlos.

En tercer lugar, aprendí que cuando los hijos se separan de los hijos para asistir a la escuela y recibir su enseñanza acadédica, los padres debemos enseñarles a cuidarse de los peligros y de los malos amigos, así como de los consejos y la orientación no cristiana.

Lamnentablemente, en muchos paises, o por diferentes circunstancias, los padres no pueden poner en colegios cristianos a sus hijos. En cualquier caso, hay que cuidar lo que ellos reciben.
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Ansiedad en el Matrimonio




Ansiedad: Estado de agitación, inquietud o zozobra del ánimo. Es un tipo de angustia que suele acompañar enfermedades, especialmente neurosis.


Hemos escuchado la queja de muchas personas que vienen a consejería con respecto a la forma de ser de su cónyuge, y cómo hacer para que él o ella cambie. Esta actitud produce mucha frustración porque el cónyuge “no cambia” como nosotros quisiéramos y entonces genera un tipo de ansiedad que limita las opciones y reduce la capacidad de disfrute de la vida.

Colosenses 3:13: Soportaos unos a otros y perdonaos unos a otros, si alguno tiene queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.

Lo que nos enseña el Manual de la Vida (la Bíblia), es que no debemos pretender cambiar al cónyuge, sino aceptarlo tal y como es y disponerse a soportar esa diferencia en su forma de ser que no nos agrada. Cuando aceptamos la forma de ser de nuestro cónyuge, será mucho más probable que él o ella acepte también nuestra forma de ser. La verdad es que nadie es perfecto, por lo tanto si yo pretendo que mi cónyuge cambie algo en su forma de ser, me expongo a que él o ella también me exija cambios a mí, y esa parte no nos gusta mucho. Definitivamente lo que más nos conviene entonces es obedecer la instrucción del Señor y aceptarnos y soportarnos mutuamente con una actitud de gozo y no de pesar.

Estamos hablando de características en cuanto a la forma de ser, personalidad o temperamento. No estamos hablando de vicios, adicciones, violencia doméstica o actitudes destructivas. En ese caso hay que buscar ayuda inmediata, esencialmente espiritual y profesional para saber cómo enfrentar esas debilidades emocionales.

Por lo demás, debemos asumir una actitud tolerante y constructiva. Es totalmente normal que los cónyuges tengamos ideas diferentes, en cuanto a cómo manejar muchos asuntos familiares. A nosotros nos pasa con mi esposa, que frecuentemente tenemos ideas diferentes cuando queremos hacer algo por ejemplo para los hijos. Yo pienso en hacer una actividad de una forma y a mi esposa le parece que esa no es la forma correcta. Ambos tenemos que asumir una actitud de tolerancia, para seguir hablando del tema sin pretender imponernos ninguno al otro, sino seguir buscando opciones en las que los dos nos sintamos de acuerdo. Honestamente les decimos, que cuando hay una actitud saludable y humilde, siempre encontramos respuestas en las que los dos estamos de acuerdo.

Para eliminar entonces este tipo de ansiedad en el Matrimonio, la pareja debe asumir una actitud de tolerancia y respeto por las ideas y conceptos del cónyuge. Orar al Señor para que les de discernimiento a ambos y hablar sobre el tema con libertad y con paciencia, hasta que logren encontrar respuestas que ambos estén de acuerdo. La misión del hombre como cabeza de hogar es guiar a su esposa a buscar alternativas y soluciones con fundamento bíblico, no a imponer su criterio simplemente porque es el cabeza del hogar. Ser el líder del hogar no implica una autoridad absoluta de voluntad sobre su esposa, sino más bien un liderazgo que guía a su esposa a conclusiones y decisiones basadas fundamentalmente en la palabra de Dios.

Si has estado tratando de “cambiar” a tu cónyuge a tu manera, pídele perdón y toma la decisión de ser más tolerante y paciente con él o ella. No juzgues ni maltrates ni critiques a tu cónyuge porque piensa diferente a ti. Recuerda que dos cabezas piensan mejor que una sola. Une tus pensamientos con los de tu cónyuge y tendrán una visión mucho mayor para resolver cualquier problema en la vida.

Tu matrimonio y tu familia es el tesoro más valioso que Dios te ha dado. CUÍDALO!

Pr. Luis y Hannia Fernandez
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